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REMEMBRANZA DEL DR. MIGUEL LECARO TOBAR

 

Miguel Pedro José Lecaro Tobar nació un 3 de agosto 1920 en la ciudad de Guayaquil-Ecuador. De mi padre tengo muy buenos recuerdos, pero los que más toman fuerza en mi memoria son tres: su amor a Dios y al ministerio al cual fue llamado, su amor por leer y escribir y su perseverancia para terminar toda meta propuesta.

 

 

SU AMOR A DIOS Y AL MINISTERIO AL QUE FUE LLAMADO

 

“Lo que Dios te da, nadie te lo quita, lo que no te da, aunque quieras retenerlo, jamás será tuyo.”   Esta es una frase que se la escuché decir en varias ocasiones cuando se refería al lugar que Dios otorga para trabajar ministerialmente o con relación a la pareja elegida para el matrimonio.

 

Nunca tuvo dudas al considerar que el trabajo que realizó en el Templo Alianza fue dirigido y otorgado por Dios. Hubo en su época de juventud personas que parecían ser más merecedoras de ocupar la pastoral de esta congregación. Sin embargo, al momento de la elección, todo giró hacia Miguel Lecaro para ocupar ese cargo. Solo Dios lo sostuvo en ese lugar por espacio de 67 años hasta el día en que lo llamó a Su presencia.

 

Otro caso de su vida que siempre consideró dado por Dios fue su esposa Zoila Romo Betancourt. “Con toda honestidad lo digo; yo no tuve que conquistar a Zoila, ni ella a mí. Nada gravitó de mi parte ni de ella. Diríase que fuimos atraídos por una fuerza que no era humana. De esto no tengo la menor duda.”  “Más estoy seguro que alguien primero decidió por nosotros, de tal manera que nuestra decisión no fue otra cosa sino la ratificación de una anterior” (página 134, “Mis Cinco Cincuenta”).

 

Su amor a Dios y a la predicación de la Palabra fue tal, que lo motivó a ir más allá del púlpito del Templo Alianza. Su labor por hacer obra evángelística lo llevó a viajar dentro y fuera del país, participando como predicador en Campañas como “Jesús a Tu Encuentro”. En varias provincias del Ecuador trabajó abriendo nuevas obras en áreas rurales y urbanas.

 

Su anhelo por llevar las buenas nuevas de salvación a todo el mundo lo hizo incursionar en el trabajo radial. Fue invitado a formar parte de un programa llamado “Alianza en Marcha”, que se transmitió por más de 25 años en la Radio Transmundial de las Antillas Holandesas. También colaboró con la HCJB2 en la que trabajó hasta el día de su muerte.

 

Su trabajo fue incansable, se dio tiempo aun para visitar lugares como L.E.A. (Liga Ecuatoriana Anti-Tuberculosa), SOLCA, la Penitenciaría del Litoral y otros de gran necesidad espiritual.

 

SU AMOR POR LEER Y ESCRIBIR

 

“Desde muy joven adquirí el hábito de dormir poco y leer mucho” (página 1, “Mi Lejano Ayer”). Este recuerdo que tengo de mi padre, escribiendo o leyendo, me desveló en muchas ocasiones. Su vieja máquina de escribir no cesaba de sonar hasta altas horas de la noche. Su legado en ésta área es enorme. Hasta la fecha tengo un número de 160 libros escritos por él, sin contar los estudios bíblicos de variados temas, cortos ensayos y cuentos estilo fábulas; y las inumerables carpetas con mensajes dominicales o de campañas. Valga la pena acotar que los mensajes de las Siete Palabras en la Semana Santa, fueron iniciados por él desde el año 1947 hasta el año de su partida. El estudio permanente de la Palabra lo motivó para jamás repetir un mensaje. Lo que demostró que la Escritura ha sido, es y seguirá siendo infinita en su enseñanza, porque no es palabra inspirada por hombres, sino por el Espíritu Santo de Dios.

 

SU PERSEVERANCIA PARA TERMINAR TODA META PROPUESTA

 

“Hay que luchar para ganarle tiempo al tiempo” decía. Cuando papá pasó a estar con el Señor, el 28 de Mayo del 2015, revisando lo que había dejado sobre su escritorio, una vez más me impresionó ver que le había ganado al tiempo: estudios bíblicos y La Leche Espiritual (material que preparaba para la Escuela Dominical), ya estaban terminados hasta el mes de Octubre de ese año. Encontré también mensajes listos para ser predicados los siguientes domingos; y siete libros nuevos para ser revisados y editados.

 

Seguir hablando de Miguel Lecaro, mi padre, necesitaría más tiempo. Pero estas tres cosas que he compartido son las que han marcado en mi vida con mayor fuerza. Dios quiera para muchos sea un testimonio de vida y ejemplo a seguir, reconociendo que en todo lo que somos y hacemos es por pura gracia, por ello siempre se le escuchaba decir: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” 1 Corintios 15.10

 

Nota:  Gracias al pastor Estuardo López por facilitarnos esta semblanza.

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