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CONOCE EL CATECISMO DE HEIDELBERG

 

Palabras introductorias

 

            Sin lugar a dudas que la Palabra de Dios también se estaba anticipando a estos tiempos cuando Pablo escribió: “Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos;” (2 Timoteo 4:3). Precisamente, por eso, es un imperativo en estos días conocer los documentos de fe que la Iglesia ha tenido que componer para dejar en claro qué es lo que la Biblia enseña. Ya es hora de que los cristianos contemporáneos nos curemos de la alergia que le tenemos a los Catecismos y Confesiones de Fe de la Iglesia, y que acudamos a ellos para aprender en forma sistemática las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, y no ser llevados de aquí para allá por cualquiera de esos vientos de doctrina que azotan a los creyentes en todo el mundo.  Habiendo finalizado nuestra serie de la Escuelita Menor de Westminster, hoy comenzamos La Escuelita de Heidelberg. 

 

            A continuación comparto una introducción al mismo por Esteban De Vries.

 

El Catecismo de Heidelberg

 

Origen: Este Catecismo fue compuesto en 1563 a petición de Federico III, Príncipe elector de Palatinado, en Alemania.  El motivo para la composición fue la gran ignorancia del pueblo, especialmente de la juventud.  Además, el Príncipe quería instruir a las iglesias para defenderse de la contrarreforma y acabar con las disputas eclesiásticas dentro de las iglesias protestantes proporiconándoles buenos conocimientos de las doctrinas de la fe.  Dos jóvenes teólogos fueron invitados a componerlo.  Ellos se llamaban Zacarías Ursino (de 28 años) y Gaspar Oleviano (de 26).

 

Este catecismo siempre ha sido bien recibido de parte de las iglesias reformadas.  Se ha usado en la enseñanza de niños, la preparación de nuevos miembros, para clases de doctrina y como guía para la preparación de sermones y mensajes.

 

Estructura y Contenido: El Catecismo de Heidelberg se divide en tres partes principales que se titulan: De la Miseria del Hombre, De la Redención del Hombre y De la Gratitud que Debemos a Dios por la Salvación (pecado, salvación y gratitud).  La segunda pregunta del mismo Catecismo nos explica el por qué de esta estructura cuando dice:

 

Cuántas cosas debes saber para que, gozando de esta consolación, puedas vivir dichosamente?  Respuesta: Tres: La primera, cuán grandes son mis pecados y miserias.  La segunda, de qué manera puedo ser librado de ellos.  Y la tercera, la gratitud que debo a Dios por su redención.

 

Después de las tres divisiones principales. Hay 52 secciones semanales, de forma que su contenido puede ser tratado exactamente en un año.  Consta de 129 preguntas y respuestas y toma su estructura del proceso de la salvación.

Su materia tiene algunas características que son muy importantes.  Primero, el Catecismo es bíblico.  Cada respuesta dada a sus preguntas tiene una amplia base en la palabra de Dios.  Cada frase y, a veces, cada palabra, tiene su prueba bíblica.  Segundo, el Catecismo es Cristo-céntrico.  O sea, toda parte del Catecismo tiene como propósito dirigir al lector hacia Jesucristo.  Tercero, el Catecismo es muy personal.  No habla de una fe abstracta, sino habla de ti y de tu relación con el Señor Jesucristo.

 

            Ahora, estamos en condiciones de poder apreciar mejor este antiguo tesoro del cristianismo bíblico e histórico.

 

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