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"Es que los americanos no nos quieren."

 

 

            Oye, ven acá.  Tú que eres más estudiao que yo, explícame bien eso que yo oigo por la radio y la televisión, diciendo que, y que “los americanos no nos quieren”.  Pero, ¡si eso no es na nuevo! Te lo digo yo por experiencia. A mí ellos me mandaron a mondar papas en el ejército. Un jíbaro como yo, que me crié en el campo, y les podía enseñar a sembrar papas, me mandaron a mondarlas. Y después, cuando salí, como no tenía chavos pa embarcarme a Puerto Rico, tuve que quedarme en Nueva York ¡congelándome del frío!  Y el bildin en vivíamos no tenía ni caldera ni calefacción de ninguna clase.  Teníamos que calentarnos con el horno, y ¡hasta las cucarachas de la calle se nos metían a calentarse!  Pero, como yo soy un gallito bien castao, ¿tú crees que yo me dejé pujilatear por eso?  Al contrario, yo tuve que aguantar frío, pero ellos me tuvieron que aguantar cuarenta años dando candela por allá.

           ¿Cómo es eso de que “no nos quieren”?  Si nosotros somos un pueblo y un país. Es que la situación de Puerto Rico no tiene que ver con noviazgo, ni romance, ni despecho.  Al contrario, es cuestión de derecho, de justicia, de común ciudadanía. ¿Qué tiene que ver eso con que no nos quieran? Si nosotros no tenemos a San Antonio puesto de cabeza.  El problema nuestro no es de corazón.  Esto es un asunto político, social, económico y de dignidad humana.  Y estas cosas no se tratan con el corazón sino con reclamar que se nos haga jus-ti-cia.  Ellos nos invadieron cuando le hundieron a Colón, la Santa María, La Pinta y la Niña en las costas de Arecibo. ¿Tú no sabías que por eso es que había en el pueblo tres calles que se llamaban así?  Ay, bendito mijo, tú no sabes na de la historia de tu pueblo.

           Y te voy a decir algo, yo que viví en los “nuevayores” y sé cómo se bate el cobre. El presidente Trom puede tener guille de dictador, pero allá eso no funciona. Para eso están el Senado y la Cámara.  Además, que allá, al igual que acá, hay elecciones cada cuatro años para la presidencia; y otras más a menudo para los cuerpos legislativos.  Lo que quiere decir que pasa igual que acá, se alternan entre los malos y los menos malos.  Y lo que mucha gente no sabe: que hay muchos po-de-res detrás del trono, que  son los que en realidad mandan en ese país. Pero, ¿tú no escuchas las noticias? Que el mismo Trom confiesa que él se creía que esto iba a ser un bombito al cacher, y resulta que el cuarto bate se ha convertido en un ponchón.  Y cuando ha logrado darle a la bola no ha podido sacarla del cuadro, ni llegar ni primera base.  Es más, yo estoy pensando que un día de estos le da un arrebato de ira a ese colorao, y se vuelve a mandar en sus negocios, que ahí sí que te digo yo, que hace lo que le da la gana.

           ¡Hasta donde hemos llegao! ¡Qué los americanos no nos quieren! Si los negros se hubieran puesto con eso, ya se hubieran ido para África!   Pero, ellos se quedaron a luchar con Martín Lutero, y ya vez que la reforma protestante va a cumplir quinientos años. ¡Esa gente sí que ha luchado por los derechos humanos!  ¡Hay que quitarse el sombrero!  Y nosotros aquí, con el cuentito ese de que “no nos quieren”.   Parecemos gallinas cacaraqueando cuando ponen un huevo.  Y como las gallinas, que anuncian cuando ponen, hay algunos por ahí se esgalillan denunciando la colonia, o declarándole su amor a la estadidad o a la independencia.  Y yo me pregunto, ¿Qué nos va a resolver ahora el contrallao plebiscito?  Al contrario, cuando más unidos debiéramos estar para luchar por los intereses del país, lo que hacemos peleándonos entre nosotros mismos por un amor a lo adivino.

           Lo que importa ahora es la e-co-no-mí-a.  Y, te digo la verdad, entre comer y pagar, entre la salud y la enfermedad, entre el pobre y colmillú, entre el derecho y la humillación, entre luchar de pie o arrodillao, entre la vida y la muerte, ¿qué tú escogerías?  ¡Es que eso se cae de la mata!  Hay que estar ¡bien confundío, frustrao  o domesticao! para andar por ahí con esa lloradera: “Es que los americanos no nos quieren.”  Lo importante, no que hayamos descubierto que no nos quieren, sino saber qué es lo que nosotros queremos.   Nunca se me olvidó de aquel poemita de Abram Lincon que me enseñó  Mr. Escalera en primer grado: 

 

¡Ah desgraciado si el dolor te abate,
si el cansancio tus miembros entumece!
Haz como el árbol seco: reverdece
y como el germen enterrado: late.

 

Resurge, alienta, grita, anda, combate,
vibra, ondula, retruena, resplandece…
Haz como el río con la lluvia: ¡Crece!
Y como el mar contra la roca: ¡Bate!

 

De la tormenta al iracundo empuje,
no has de balar, como el cordero triste,
sino rugir, como la fiera ruge.

 

¡Levántate!, ¡Revuélvete!, ¡Resiste!
Haz como el toro acorralado: ¡Muge!
O como el toro que no muge: ¡Embiste!

 

            ¡Como está esa memoria, nene!  Te compro ese gallito por cinco pesos.  Mañana te traigo los chavos.  No se lo vayas a vender a nadie. ¡Que los americanos no nos quieren! ¡Qué mucho me ha durao este vellón! Me voy, que las cosas están malas en la calle y hay que subirse al palo antes de que oscurezca.

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