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El Gallito Espuelérico

 

      Tanto que la gente habla del gallito espuelérico, y no saben na de él. A que tú no sabes por qué le llaman “espuelérico”. ¡Qué vas a saber! Tú no tienes edad para eso. Yo, sí, que puedo hablar de la historia de Arecibo. Este jibarito que tú ves aquí tuvo que fajarse a pedrá limpia en la guerra Hispanoamérica. Tan es así, que a uno de esos Leones del Fuerte debieron ponerle el nombre mío. ¡Si vieras como huían los holandeses! ¡Parecían gallos marruecos!

 

      Pues, volviendo al tema, “espuelérico” es una combinación de “espuela” y “colérico”. Resulta que entre lo que era el hospital municipal y Duamel, había un sitio que se llamaba Colérico. Quedaba pegadito a la orilla del mar. Y era famoso por el matadero. Allí trabajaba y vivía Kikirikí, que tenía una raza especial de gallos, una liga que hizo de españoles e ingleses. Y le salían chiquititos como él, pero ¡picaban al buche y daban con las espuelas! Para que picaran al buche, él los alimentaba con bofe del matadero. Y los gallitos golosos, lo buscaban en el buche del otro gallo. Imagínate si eran buenos, que no había asil ni shamo que se los pudiera ganar. Y, de allí, fue que surgió la palabra “espuelérico” (espuela-colérico).

 

      Pero ese sitio llegó a ser famoso no sólo por los gallos “espueléricos” sino por los tiburones y las mujeres, también. Cuando los tiburones olían la sangre del matadero, venían en manadas a comer de los desperdicios que les tiraban. ¿Y sabes cómo venían? Venían “viraos”. Porque el tiburón cuando va a atacar la presa se vira para que no le vean la cara. De allí es que nació la frase “viene virao como el tiburón”. Y cuando se viraban, usted lo que veía era el pecho blanco. Por eso es que a Rivera Chas le llaman el Tiburón Blanco, porque ataca virao como el tiburón.

 

      Pero eso no es todo, te voy contar otra cosa por la cual Colérico era famoso: por las mu-je-res. Yo no sé qué era lo que tenían esas mujeres, que los hombres se morían por ellas. Hombre que se enamoraba allí, terminaba muriéndose de amor. Y cuando agonizaban, allí mismo se quedaban a morir en unas zanjas que tenían preparadas. A ese mal de amor le llamaron “cólera” porque se originó en aquel lugar. Y eso se hizo tan famoso en todo el mundo que hasta un periodista colombiano vino a investigar y escribió un libro que se llama “El amor en los tiempos de Colérico”, con el cual ganó el premio de la Casa Holanda de Arecibo.

 

      Dicen las malas lenguas, que el mal de amores o “cólera” como le llamaban, puede tener algo que ver con los tiburones. Y es que una fábrica del Cruce de los Dávila compraba los tiburones del matadero para producir un fertilizante para las piñas que se sembraban en la recta de de las piñas. Por eso era que aquel jugo de piña sabía tan bueno y distinto a todos los demás jugos de piña del mundo. Pero, la peste de noche era tan grande que al barrio de allí al lado le cambiaron el nombre a Tiburones.

 

     

 

Y oye esto, cuando abandonaron la siembra de piñas, la industria comenzó a utilizar los tiburones para producir la pastillita azul para los viejos. Y dicen que algunos de ellos cuando las toman se mueren del mal de amor. Ata tú los cabos sueltos.

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© MILTON & CARMEN VILLANUEVA